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Os esqueletes galaicorromanos d’A Lanzada

by o 1 Xuño 2010

Para o noso equipo constitúe unha ledicia presentar neste foro a nosa forma de ver a Arqueoloxía, en grande medida non moi diferente -nalgúns aspectos- da de Antonio Blanco Freijeiro, quen aconsellaba a un amigo: Cuando vayas a Roma, tócalo todo; en muchos casos los dedos te transmitirán sensaciones tanto o más profundas que los ojos. A mellor definición do que se sinte nunha escavación arqueolóxica. Reproducimos a continuación a primeira parte do artigo Los esqueletos galaicorromanos de La Lanzada publicado por Blanco Freijeiro en La Voz de Galicia (27-7-1983), un bo exemplo do poder evocador e divulgativo da súa prosa:

No es frecuente que el suelo de Galicia ofrezca restos antropológicos de sus antiguos pobladores. La composición química de la tierra gallega es de tal naturaleza, con el PH como uno de sus ingredientes, que en circunstancias normales no permite la conservación de los huesos. En los “concheiros” o basureros de los castros y citanias se conservan magníficamente las conchas y caparazones de los moluscos, y hasta, con un poco de suerte, algunas espinas de pescado; pero no los huesos de los vertebrados que en otras regiones –en la mayoría de ellas, pudiéramos decir- alternan con los restos de pescados y mariscos en los vertederos de los poblados.

Una excepción la constituyen los suelos arenosos y salinos, más concretamente las playas y las formaciones eólicas que a espaldas de las mismas va decantando el viento en su lenta y pertinaz acción. En una de estas playas, en La Lanzada (Toalla, Pontevedra), tuvimos la suerte de topar en 1950 con un cementerio galaico-romano en el que los esqueletos estaban excepcionalmente bien conservados. Creo que hasta hoy no se ha repetido un hallazgo como aquél, y que los esqueletos de La Lanzada siguen siendo los hombres gallegos más antiguos que se conocen.

Las monedas romanas de Galieno, de Claudio Gótico, de Constantino y de otros emperadores que acompañaban a muchos de estos esqueletos –el tradicional óbolo para la barca de Caronte-, nos permitieron datarlos con precisión entre mediados del siglo III y fines del siglo IV. Los recipientes de cerámica y los vasos de vidrio, presentes también en varias tumbas de hombres, sugieren que, en esta época del Bajo Imperio romano el consumo del vino se había generalizado hasta por las aldeas de Galicia, quizás acompañado de un culto popular al dios Baco. Tal vez no sea, en efecto, pura casualidad el hecho de que el Baco de Mourazos, la estatua de mármol más entera que hasta ahora se conoce en la Galicia romana, represente precisamente al dios de la viña en compañía de su fiel amigo, el sátiro Ampelos, personificación de la misma. Y desde luego, una intención simbólica, aunque sólo sea de realzar la presencia del vino en el banquete fúnebre, ha de atribuirse a las figuras portadoras de ánforas y de cántaros de algunas estelas de Pontevedra y Vigo.

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