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Os esqueletes galaicorromanos d’A Lanzada (2)

by o 1 Xuño 2010

Aunque bastante romanizada en la lengua (por supuesto que la única estela funeraria registrada en La Lanzada estaba escrita en latín) y en otros muchos usos y costumbres, esta población conservaba muy puras sus tradiciones prerromanas: las casas circulares u ovaladas, las ‘lareiras’ de barro con el horno del pan, la cerámica de cocina, todo lo que en buena parte se ha encontrado en el poblado al que esta necrópolis corresponde. Pero al mismo tiempo, había adoptado de los romanos algo tan típico de éstos –en particular de los soldados y campesinos- como las botas clavatae, es decir, con las suelas cubiertas de tachuelas, que han perdurado en el agro gallego hasta la actualidad. Los pies de algunos esqueletos de este grupo conservaban en su sitio, aun después de desaparecida la suela, como es natural, las tachuelas que un día habían reforzado su calzado. Otros clavos de hierro, de tamaño bastante mayor, indicaban que el sepelio se había verificado en un ataúd de madera. En el pecho en los hombros de algunos esqueletos pudimos recoger sencillos pero delicados alfileres de hueso, los que sujetaban el manto que sirvió al difunto de sudario.

Las fechas arriba apuntadas indican que la necrópolis dejó de prestar servicio, probablemente porque el poblado quedó abandonado, al producirse la conquista de Galicia por los suevos hacia el año 409. Siendo así, no hay que contar con esqueletos de suevos ni de otros germanos. Las tumbas han de pertenecer, por tanto, en su práctica totalidad, a los pobladores ‘castrexos’ de Galicia, a aquellos que Pomponio Mela denominaba ‘Célticos’. El estudio antropológico realizado por el profesor Miguel Fusté, de la Universidad de Barcelona, reveló algo sorprendente: aquellas gentes se parecían muy poco o nada a las que de antes y de entonces se conocen en el resto de la península ibérica, haciendo la salvedad de que en toda la Cornisa Cantábrica no se poseen aún datos al respecto. Desde luego, las tablas antropológicas de los pobladores neo-eneolíticos y posteriores del Levante, Pirineo, Andalucía, Centro y demás regiones peninsulares difieren notablemente de La Lanzada. Esta última corresponde a unas gentes que se parecían más a la población de Oslo de la Edad Media (por tomar un grupo bien definido), que a cualquiera de las españolas de la Edad Antigua. Fusté insistía mucho en esto, aun reconociendo que el estudio sólo se había realizado entre los restos de 41 individuos, y que en tales condiciones todas las reservas eran pocas. En otros términos, la población ‘castrexa’ aparecía integrada en La Lanzada por un componente no muy fuerte de origen mediterráneo, con algún elemento cromañoide, al que se había sumado oro de clara estirpe norteuropea, que pudiera estar presente en el país desde la Edad del Bronce.

Los descubrimientos de La Lanzada no tuvieron mucho eco, ni en Galicia ni fuera de ella. Los hallazgos antropológicos no suelen tenerlo. Pero el primero entre los pocos curiosos que al recibir la noticia compareció en La Lanzada, tripulando un Volkswagen que parecía hecho a su medida (uno de aquellos escarabajos negros de la postguerra), fue el profesor Santos Júnior, de la Universidad de Oporto. Años más tarde, se unió al equipo del Museo de Pontevedra en las excavaciones de 1962. El profesor Santos Júnior era y es ‘un miñoto de Barcelos’, como lo definía Cuevillas, que siempre tuvo un enorme empeño en reafirmar los vínculos que unen a Galicia con el norte de Portugal, en restablecer en lo posible la Gallaecia Bracarensis de los tiempos de Roma y el Reino Suevo. Ya en 1935 había organizado en Oporto una ‘Semana Galega’ que aun está en la memoria de bastantes, como en otros lo están los ‘Días’ de Portugal con que algunas ciudades gallegas correspondieron a la gentileza de su hermana lusitana. Por entonces también, desplegaba Santos Júnior su característica actividad para reforzar los vínculos culturales entre el Seminario de Estudios Galegos y los organismos culturales del país vecino.

Galicia tiene una deuda de gratitud con este ‘miñoto’ que sabe de memoria recitar a Rosalía mejor que muchos gallegos, que siente a Rosalía como algo suyo, como siente a los esqueletos de A Lanzada como los de antepasados suyos.

En tanto que otro homenaje más importante no llega, yo quisiera brindarle desde esta página de recuerdos, el modesto homenaje particular de quienes hace años colaboramos con él en las excavaciones de La Lanzada.

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